Michael Jordan en 23 frases

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via Jot Down

“Bienvenidos al vuelo número 23 de Aerolíneas Jordan”

Andrés Montes (1955-2009), locutor deportivo

1. Estudia matemáticas, ahí es donde está el dinero. Profesora de Michael Jordan (década de los 70).

En uno de los numerosos vídeos biográficos de Jordan que se han editado, preguntaron a sus profesores sobre cómo era en clase, qué recordaban de él. Una de sus profesoras no pudo reprimir una carcajada cuando repitió ese consejo que dio al joven Jordan. A día de hoy, el sueldo que cobró de Chicago Bulls la temporada 1997-1998 es el más alto pagado jamás en la NBA (unos 33 millones de dólares… de la época). Es mucho dinero. Pero apenas es la mitad de lo que se embolsa por sus contratos publicitarios, que le siguen suponiendo del orden de 60 millones de dólares al año. Como decían 7 Notas 7 Colores, Jordan aprendió matemáticas viendo billetes.

2. Leroy Smith. Nombre en la lista del equipo de High School (1978).

En su primer año en el instituto, Jordan no pudo entrar en el equipo de baloncesto. La plantilla estaba prácticamente cerrada con jugadores de más edad y solo quedaba una plaza disponible. Irónicamente, la justificación para no elegir a Jordan es la misma que dio Portland en el draft del 84 (ver frase número 3): prefirieron un pivot a otro escolta porque ya tenían esa posición bien cubierta. Leroy Smith es el nombre de ese pivot. Jordan, que estuvo tentado de abandonar el baloncesto por este revés, quedó relegado al equivalente al equipo B donde pasó un año en el purgatorio. La temporada siguiente, aprovechando el estirón de unos 10 cm que dio en verano, Jordan consiguió plaza en el equipo, donde se convirtió en su mejor jugador. Este episodio quedó grabado en la personalidad de Jordan: durante años utilizó el seudónimo “Leroy Smith” al registrarse en los hoteles.

3. Jordan no va a cambiar el rumbo de esta franquicia y tampoco se lo vamos a pedir. Rod Thorn (1984), general manager de Chicago Bulls.

En aquel draft del 84 todos buscaban un hombre grande: Houston eligió en primer lugar a Akeem Olajuwon para formar una imponente presencia interior junto a Ralph Sampson. Portland, que ya tenía un gran escolta como Clyde Drexler, escogía en el segundo turno a Sam Bowie, en lo que con el tiempo se ha calificado como una de las pifias más grandes del draft. Los Bulls, que se habían quedado sin los dos centers más apetecibles de aquel año, no tuvieron más remedio que elegir en el número 3 a un escolta, un tal Michael Jordan, que según decía Thorn sí, era un gran anotador pero que tampoco era como para volverse loco. Las declaraciones del general manager de los Bulls, cubriéndose de gloria, dejan claro que ni en Chicago tenían puestas demasiadas expectativas en el potencial de Jordan.

4. Qué pueden hacer ustedes por Michael Jordan. David Falk (1984), representante de Jordan.

La llegada de Jordan a la NBA transformó para siempre no solo la liga, ni el baloncesto, sino el deporte profesional. Hasta entonces, tanto económica como publicitariamente, el baloncesto era un nicho relativamente pequeño. Apenas un grupo de los mejores jugadores de la NBA anunciaban sus botas deportivas Converse (la marca más famosa a principios de los ochenta) en unas promos bastante cutres, la verdad. En ese momento irrumpió Jordan acompañando a su representante David Falk en los despachos de los ejecutivos de marcas deportivas para negociar el contrato que le querían proponer a su representado. Converse les ofreció más del doble de lo que le pagaba Adidas a Kareem Abdul-Jabbar, ascendiendo el montante a un cuarto de millón de dólares al año y todas las zapatillas que quisiera (!!!). Todo eso estaba muy bien, pero para Falk no fue suficiente porque no tenían una estrategia global para su cliente. Nike les ofertó lo que ellos buscaban: convertir a Jordan en un icono publicitario a través de anuncios cuidados, transmitiendo una imagen irresistible de elegancia dentro y fuera de la cancha, vinculando su producto a los éxitos (posibles éxitos en aquel momento, no lo olvidemos) del jugador de los Bulls. La imagen de Jordan se asoció a inolvidables anuncios tanto de Nike (entre otros muchísimos, destacan Failure, Let your game speak o Tell me) como de Gatorade (be like Mike o Jordan Vs Himself) y, a un nivel más convencional pero muy gracioso, McDonalds (compitiendo con Larry Bird). Publicidad a la altura del mito… aunque incluso la realidad superó en ocasiones a la ficción.

Jordan Vs. Bird. Como en el mítico videojuego, como en el anuncio de McDonalds

5. Dios disfrazado de Michael Jordan. Larry Bird (1986), jugador de Boston Celtics.

Era el segundo año de Jordan en la NBA. Una lesión solo le había permitido jugar 18 partidos en la temporada regular, pero aún así, los Bulls se clasificaron para disputar el playoff por el título. En primera ronda les esperaban los todopoderosos Boston Celtics, con Larry Bird a la cabeza. Aquel 20 de Abril de 1986, en el segundo partido de la serie, se pudo ver una de las mayores exhibiciones individuales de la historia del baloncesto al máximo nivel. Tras dos prórrogas los Bulls finalmente perdieron, pero ese es un dato que casi nadie recuerda de aquella noche. Ni falta que hace. Porque lo que trascendió fueron los 63 puntos de Jordan (record aún vigente en la NBA en un partido de playoff) y la mítica frase de un Bird aún estupefacto: I think it’s just God disguised as Michael Jordan.

6. Cuando uno es competidor y quiere ganar, nada es trivial. Michael Jordan (1987).

Cuando se dice que Jordan es un gran competidor es un eufemismo de que no le gusta perder ni a las chapas. En un entrenamiento en octubre de 1987, Jordan abandonó la sesión porque, a su juicio, el entrenador Doug Collins no había llevado bien el marcador en un partidillo. El equipo perdedor tenía que correr como castigo y Jordan, que estaba muy enfadado, se retiró para no decir algo de lo que pudiera arrepentirse. Que se había picado a lo grande, vamos. El club multó a Jordan, que asumió el pago pero entre dientes seguía murmurando que su cabreo era justificado y totalmente legítimo.

7. ¿Ese era lo suficientemente grande? Michael Jordan (1987).

Jugando un partido en Salt Lake City contra Utah Jazz, tras meter una canasta relativamente fácil por encima de John Stockton (1,85 m), un espectador gritó a Jordan que lo intentara con alguien de su tamaño (1,98 m). Challenge accepted! Michael lo oyó y, envalentonado, en cuanto tuvo oportunidad realizó un mate espectacular sobre Mel Turpin (2,11 m) solo para poder responder al atrevido que había osado retarle. Muchos aficionados se plantean si fue el descomunal talento o el voraz instinto competitivo lo que hizo de Jordan el mejor jugador de baloncesto de la historia. Yo creo que Jordan es el resultado de un efecto sinérgico de las dos.

8. Si Jordan va al baño, nosotros vamos con él. Chuck Daly (1989), entrenador de Detroit Pistons.

A finales de los 80 Jordan era literalmente imparable. Los Pistons habían armado un equipo muy potente para aspirar al título, y los Bulls (es decir, Jordan) eran un obstáculo en crecimiento en su propia Conferencia. Chuck Daly y su equipo de ayudantes idearon una maraña defensiva que limitara, incluso con métodos expeditivos, la aportación ofensiva de Michael. La prensa, siempre propensa a etiquetar, denominó a estos sistemas Jordan Rules. En los partidos entre Chicago y Detroit se podían ver dobles y triples ayudas, defensores alerta e hiperactivos y persecuciones asfixiantes, pero también faltas personales sin contemplaciones, provocaciones verbales y hasta agresiones. Mientras estuvieran los Pistons, parecía imposible que los Bulls llegaran a la Final de la NBA. Pero ya sabemos lo que le gustan a Jordan los desafíos: tenía que acabar con ellos y, por extensión, con Isiah Thomas, al que le unía una amarga enemistad. Tras una derrota más, analizando el juego físico de los Bad Boys, Jordan se replanteó sus entrenamientos personales: para soportar esa carga de bloqueos, golpes, codazos y caídas, necesitaría una mayor masa muscular. Y comenzó a ejercitarse intensamente con pesas. Las Jordan Rules tienen gran parte de culpa de la forja (a nivel físico) del Michael Jordan ganador.

9. No mereces siquiera comer después de lo que has hecho hoy. Michael Jordan (1989).

Tras el quinto partido de la Final de la Conferencia Este de 1989, parecía que aquel año tampoco iba a poder ser. Chicago se había adelantado por dos veces, pero los Pistons habían conseguido empatar y ahora ganaban la serie 3-2. Jordan estaba realmente cabreado. Las llamadas Jordan Rules le habían dejado en 18 puntos y, sobre todo, solo había realizado 8 lanzamientos de campo en 46 minutos en cancha. Era obvio que alguien tenía que pagar los platos rotos. Cuando Jordan llega el último al avión de los Bulls puesto que siempre es el que tiene que atender a prensa, patrocinadores y aficionados, sus compañeros están sentados y a punto de comenzar a cenar. Al pasar junto a Horace Grant da un manotazo a la bandeja de éste y tira su cena al suelo. En opinión de Jordan, no se merecía comer tras haber realizado un partido bastante flojo (4 puntos y 1 rebote). Grant y Jordan tuvieron que ser separados por el resto de sus compañeros antes de llegar a las manos. En el sexto partido acabó la serie, las aspiraciones de Chicago y la era Doug Collins. Al año siguiente, el entrenador sería Phil Jackson.

The Shot. Pobre Craig Ehlo

10. Defenderle es como una pesadilla. No dejo de soñar con ello. Especialmente, cuando saca la lengua. Craig Ehlo (1989), jugador de Cleveland Cavaliers.

Uno de los mayores damnificados por Jordan a lo largo de su carrera fue el escolta de los Cavs Craig Ehlo. O dicho de otra forma, Ehlo tuvo la posibilidad de ver en primera persona y bien cerquita alguna de las actuaciones más recordadas de Michael, como por ejemplo, cuando le tuvo que defender el día que anotó 69 puntos (ver frase número 11). Pero también aparece de figurante de lujo en dos de las jugadas más famosas de Jordan: el tiro a la remanguillé tras un garrotazo de Ehlo y la increíble suspensión denominada simplemente como The shot, donde el escolta de los Bulls parece que se queda flotando en el aire hasta que Ehlo pasa de largo y le deja vía libre para lanzar sobre la bocina. Una canasta en el último segundo que valía el paso de ronda de playoff y que fue la guinda de otro partidazo individual: 44 puntos, 9 rebotes, 6 asistencias. Como para no soñar con Jordan (y su lengua).

11. Siempre recordaré esa noche en la que Mike y yo nos compenetramos para meter 70 puntos entre ambos. Stacy King (1990), pivot de Chicago Bulls.

En un encuentro, en principio anodino, contra los Cavs en la temporada regular 1989-1990 Jordan consiguió al mismo tiempo su record de rebotes y puntos en un partido. No es que sean cifras chamberlainianas, de hecho, desde aquel 28 de marzo del 90 han anotado más puntos un par de jugadores (Kobe Bryant y David Robinson), pero la planilla de Jordan es brutal: 1 tapón, 4 robos, 6 asistencias, 18 rebotes y 69 puntos. Y victoria para Chicago en la prórroga. Stacey King, pivot suplente de los Bulls y autor de la frase, solo encestó un tiro libre.

12. Esta es para ti, baby. Michael Jordan (1991).

El partido estaba prácticamente resuelto a favor de los Bulls a falta de unos segundos para su finalización. A la desesperada, los Nuggets intentan un imposible cometiendo una falta mediante un abrazo bastante viril sobre Jordan, que se lo toma con humor. Dikembe Mutombo, intentando desestabilizarle para que falle, le pica diciendo que a que no se atreve a lanzar con los ojos cerrados. ¿Eres un gallina, McFly? ¿Que has dicho qué? Jordan acepta todos los desafíos y le dedica la canasta al pivot de origen africano.

13. … lo conseguí. Michael Jordan (1991).

Siete largos años, para llegar a ese momento: había conseguido ganar por fin el título tras muchas temporadas en las que chocaba contra el muro que supuso primero el cénit de la dinastía de los Celtics y después el surgimiento de los Pistons, que acababan una y otra vez con las aspiraciones de unos Bulls que no llegaban nunca a la Final. A esas alturas, Jordan coleccionaba suficientes premios individuales para, incluso por separado, justificar toda una carrera: Rookie del año, máximo anotador, MVP de la temporada regular, MVP del All Stars, mejor defensor, mejor ladrón… pero era el anillo lo único que justificaba todo el esfuerzo. Regado de champán y abrazado al trofeo Larry O’Brien, Jordan lloraba en el vestuario mientras el resto del equipo lo celebraba a gritos. Con la mirada perdida, se gira hacia su padre, que lo acompañaba en ese momento, y murmura, como si aún no se lo creyera. El primer anillo, el de la canasta con cambio de mano en el aire, el de las lágrimas de Jordan.

14. Sentía que mis lanzamientos triples parecían tiros libres. Michael Jordan (1992).

El primer partido de las finales de 1992 duró el tiempo que tardó Jordan en anotar seis triples y alcanzar los 35 puntos. Es decir, los dos primeros cuartos: Jordan en fase de flujo. En un gesto para la galería, sabiendo que todas las cámaras y miradas le seguían tras anotar su sexto triple, Jordan se giró hacia la posición de comentaristas donde se encontraba Magic Johnson y se encogió de hombros, lo que venía a decir que “a veces soy tan bueno que yo tampoco me lo explico”. Los Blazers, hundidos moralmente, acabaron perdiendo de más de 30 puntos ese partido y la Final por 4-2. Segundo anillo y segundo MVP para Jordan.

15. Y Michael me dijo: hay un nuevo sheriff en la ciudad. Magic Johnson (2012), exjugador de baloncesto.

Con motivo de los 20 años del Dream Team se emitió un documental donde se recogen imágenes y declaraciones inéditas sobre aquellos días, sobre todo de la preparación de los previos a los Juegos Olímpicos de Barcelona. El partidillo de entrenamiento que realizó la selección norteamericana a puerta cerrada en Montecarlo se ha convertido en leyenda. Alguno de los presentes lo ha descrito como el mejor partido de baloncesto de la historia y todo a raíz de un error de cálculo de Magic Johnson: picar en exceso a Jordan, que se lo tomó, una vez más, como un desafío personal. El resto de jugadores se involucraron en la disputa sacando lo mejor de su repertorio. Michael jugó como si le fuese la vida en ello, hasta que su equipo ganó. Al retirarse a los vestuarios, se acercó a Magic y le dijo lo que ya era una realidad en la liga: la era de Magic y Bird había pasado y Jordan era el dominador de la NBA y el baloncesto mundial.

16. El mejor que hubo. El mejor que habrá. Inscripción en la escultura The Spirit frente al United Center (1994).

La presión de la prensa, el asesinato de su padre, la pérdida de motivación tras ganar tres anillos consecutivos o un pacto secreto con el comisionado de la NBA David Stern para evitar un escándalo mayúsculo derivado de los problemas de Jordan con apuestas. Ya sean los motivos oficiales, los rumores, o una mezcla de todos ellos, el caso es que Jordan se retiró (por primera vez) de la NBA en octubre de 1993. Aún sin recuperarse del disgusto, poco más de un año más tarde, los Bulls organizaron un homenaje a Jordan en el que retiraron su número y presentaron una escultura en su honor en la que se leía The best there ever was. The best there ever will be. En aquellos momentos, Jordan ya era unánimemente considerado uno de los más grandes e incluso, muchos ponían su nombre en lo más alto de la historia del baloncesto. Y eso que aún faltaba otro three-peat por venir, tras el extravagante paréntesis en el que Jordan quiso probar en el béisbol.

Jordan’s back

17. Se han creado 6.1 millones de puestos de trabajo desde que soy presidente. Y si vuelve Michael Jordan, serán 6.100.001 nuevos puestos de trabajo. Bill Clinton (1995), presidente de Estados Unidos.

La aventura en el béisbol no había sido todo lo satisfactoria que esperaba Jordan y el gusanillo del baloncesto (y, sobre todo, el sabor de la victoria y la gloria) le había comenzado a picar. Primero fue una visita aislada a sus excompañeros, después, que si unos lanzamientos; más tarde, algunos entrenamientos a puerta cerrada con los Bulls, que cada vez se hicieron más frecuentes. Al exterior se filtran comentarios: sigue estando en una forma física extraordinaria y, aunque un poco oxidado para lo que era antes de su retirada, sigue siendo un fuera de serie. Los periodistas se agolpan en las puertas del pabellón de los Bulls, los fotógrafos persiguen el deportivo en el que Jordan entra y sale del mismo. El 10 de marzo de 1995, su representante David Falk anuncia que Jordan deja el beisbol. En el partido de esa noche Scottie Pippen alimenta el rumor con una imagen puro marketing: sentado en el banquillo, cuando le enfocan las cámaras, levanta un pie para que se vea el jumpman de la suela de sus botas y señalándolo con el dedo, hace gestos para que vuelva. Parece que es cuestión de tiempo, pero no acaba de concretarse. Finalmente, el 18 de marzo de 1995, poco después de esa frase de Bill Clinton en plena comparecencia oficial, una nota de prensa consistente de 6 letras (I’m back) oficializaba lo que era un secreto a voces: Jordan volvía a los Bulls, volvía a la NBA. Diez días más tarde, le endosaba 55 puntos a los Knicks en el Madison Square Garden. Definitivamente, había vuelto.

18. Usted puede practicar el tiro ocho horas diarias, pero si la técnica es errónea sólo se convertirá en un individuo que es bueno para tirar mal. Mi filosofía del triunfo. Michael Jordan (1994).

A pesar de algunos incidentes aislados (como visitar casinos en Atlantic City la noche antes de algún partido importante o jugar al golf más de la cuenta), Jordan siempre ha sido responsable con sus entrenamientos, tanto de equipo como privados. A lo largo de su carrera fue puliendo defectos y añadiendo nuevas habilidades a su repertorio ofensivo. La evolución en su mecánica de lanzamiento en suspensión se puede observar al comparar dos de sus lanzamientos más famosos: el tiro ganador en la final de la NCAA en 1982 y la canasta que valió el título de la NBA en 1998 (ver frase número 20). Y en cuanto su físico, es aún más evidente la transformación desde aquel estilizado rookie que penetraba en las zonas como una exhalación al tipo con un imponente tren superior que en sus últimas temporadas que frecuentaba el poste bajo. Jordan se machacó hasta convertirse en un individuo que es bueno para ganar anillos.

19. ¡Estaré preparado! Steve Kerr (1997), jugador de Chicago Bulls.

En el sexto encuentro de las finales de 1997, a falta de pocos segundos para acabar el partido, el marcador refleja un empate a 86. Chicago pide tiempo muerto. La serie está 3-2 a favor de los Bulls, o lo que es lo mismo: si esa noche ganan, se llevan el anillo; si pierden, se jugarán toda la temporada en el séptimo partido. Evidentemente, la tensión en los banquillos es increíble. Las cámaras enfocan a Jordan, que está mirando fijamente a Steve Kerr. Pasados unos segundos le dice unas secas palabras inaudibles y Kerr responde que le pase la bola, que estará preparado. El balón se pone en juego y acaba en las manos de Jordan. Utah, que se lo esperaba, cierra la defensa sobre él. La estrella de los Bulls da un pase a Kerr que, libre de marca, anota el tiro. En la siguiente jugada los Jazz pierden el balón según sacan de banda, tirando por tierra cualquier opción. Chicago vuelve a ganar el anillo (el quinto) y, esta vez, por una asistencia de Jordan, que acabó el partido con 39 puntos, 11 rebotes y 4 asistencias. Más tarde, durante la celebración oficial del título, Kerr bromeó diciendo que él asumió la responsabilidad ya que vio a Jordan agobiado porque no está acostumbrado a lidiar con la presión. En perspectiva, si Kerr hubiera fallado no sería descartable que Jordan hubiera ido bastante más allá de un manotazo a su bandeja con la cena.

20. You’re fucking unbelievable! Steve Kerr (1998), jugador de Chicago Bulls.

Apenas quedan 42 segundos del sexto partido de la final de la NBA de 1998. Los Bulls pierden 86-83 frente a los Jazz, en ese polvorín llamado Salt Lake City. En seis segundos el marcador se ajusta aún más por una entrada de Jordan, así que, al menos, quedan un par de posesiones. Lo más razonable para Utah es jugar largo e intentar asegurar una canasta o cobrarse unos tiros libres. Y qué mejor forma que darle el balón a Karl Malone al poste bajo. Jordan, que parecía haberse quedado despistado en un bloqueo, le roba el balón a Malone. Ahora restan 18 segundos. Jordan rompe la cintura a Bryon Russell y anota un tiro abierto desde 6 metros, posando incluso para las fotografías con la muñeca flexionada. A falta de poco más de 5 segundos, Chicago gana de un punto. El lanzamiento final de Utah no entra y Jordan levanta seis dedos: ha ganado el sexto anillo y el sexto MVP de las finales, un colofón extraordinario previo a su segunda retirada. En 40 segundos, Jordan ha anotado 4 puntos (45 en total) y robado un balón a la estrella rival. En medio de la piña de celebración, la televisión capta el grito de Steve Kerr, que resume lo que todos pensamos: Jordan es jodidamente increíble.

Los gritos de Andrés Montes, el nudo en la garganta de Antoni Daimiel, los saltos en el estudio de Tres Cantos de Biriukov e Iturriaga… ¡Jordan! Quien lo vivió lo sabe.

21. Mi deseo de ganar siempre va a ser joven. Mi amor por el juego siempre va a ser joven. Michael Jordan (2003).

Aquel partido entre Wizards y Nets, en febrero de 2003, fue la 173ª ocasión que Jordan anotaba más de 40 puntos (43, esta vez); además, cogió 10 rebotes y robó 4 balones. Un partidazo individual, aunque no fue una estadística excepcional para alguien como Michael. Lo extraordinario de esta actuación es que Jordan tenía ya 40 años. Solo le quedaban 28 partidos de temporada regular, de su última temporada regular (esta vez sí) en la NBA, y aún conservaba talento y competitividad. Nadie ha alcanzado estos números con esa edad y creo sinceramente que es el record de la NBA más difícil de batir. Tal vez incluso por encima de los 100 puntos de Wilt Chamberlain.

22. There is “I” in the word win. Michael Jordan (2009).

Durante el discurso que dio con motivo de su entrada en el Hall of Fame, Jordan relató una anécdota referente a Tex Winter, ex-asistente en los Bulls y el padre del triángulo ofensivo que tanto gusta a Phil Jackson: en un partido que Jordan encadenó unos 20 puntos prácticamente consecutivos para dar la victoria a su equipo, Winter le recriminó que tenía que pensar en el equipo y no solo en él, con un juego de palabras en inglés: There’s no “I” in the word team (no hay “yo” –I en inglés- en la palabra equipo). Jordan le respondió que sí había “yo” en la palabra ganar (win). En resumen, que todo el rollo ese del equipo estaba bien, pero que para ganar necesitaban que Jordan estuviera en su línea estelar.

23. La gente apunta los errores, raramente los éxitos. Michael Jordan (2009).

En sus primeros años en la NBA, Jordan tuvo que convivir con la etiqueta de egoísta, de chupón. La prensa y los aficionados le ponían de ejemplo contrapuesto a Magic Johnson, paradigma de jugador que hace mejores a sus compañeros. Con el tiempo y los anillos, las críticas se diluyeron, pero en su labor como ejecutivo no parece que vaya a librarse tan fácilmente. Dos de sus elecciones más altas las utilizó en jugadores que han deambulado por la liga con más pena que gloria: el nº1 del 2001 con Kwame Brown y el nº3 de 2006 con Adam Morrison. Preguntado por estos drafts, Jordan asume que la controversia es parte del juego, pero que no se es justo con él. Hoy en día, como propietario de Charlotte Bobcats, sigue teniendo más críticas y derrotas que suerte y alegrías: en la temporada 2011-2012, su equipo acabó con el porcentaje más bajo de victorias de la historia de la NBA. El béisbol fue un fracaso, ¿lo será también su proyecto de crear una franquicia ganadora?

Fuentes principales consultadas:

Michael Jordan. El rey del juego, de Máximo José Tobías.

Página oficial NBA

Página oficial ACB

ESPN

Basketball Reference

Blog de Ramón Trecet

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